ESPECIAL RUMBO A PERUMIN

48 | Rumbo a PERUMIN yó la mortalidad infantil, mejoró la nutrición temprana del niño milpeño así como la calidad de la educación que impartíamos tanto en el colegio del propio campamento, como en los de los pueblos circundantes. Adicionalmente, se promovió el emprendedurismo a través del desarrollo de capacidades en los lugareños, quienes generaron huertos —primero a nivel de escuela y luego a nivel familiar— a 4200 metros sobre el nivel del mar, cuyas hortalizas contribuyeron a optimizar la dieta familiar. Todo ello mejoró tremendamente la calidad de la relación con nuestra gente: disminuyeron el ausentismo y la accidentabilidad en el trabajo, e incluso el nivel de la violencia familiar, lo cual repercutió en una mejora importante en la producción y productividad de la mina, tanto como de las relaciones humanas al interior de la empresa y entre esta y las comunidades del entorno. Así, cuando el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA golpearon duramente a unidades mineras como Cerro de Pasco de Centromin, Atacocha, o Huaroc; Milpo no fue tocada. Y no porque tuviéramos un ejército, sino porque la comunidad nos defendió. Veamos ahora el caso de Antamina. Nuestro objetivo se orientó a unir esfuerzos y a sumar la capacidad de gestión de los diversos gobiernos distritales y provinciales de la región Áncash —desde Huarmey y Barranca en la Costa, hasta el Callejón de Conchucos, pasando por el Callejón de Huaylas—, para estructurar el Corredor Oro de los Andes, con cuyas autoridades preparamos los perfiles de difeLa política fundamental fue el cumplimiento de nuestros compromisos, lo que a su vez se tradujo en confianza; elemento que hoy precisamente nos hace falta”.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2