ESPECIAL RUMBO A PERUMIN

34 | Rumbo a PERUMIN cional— debe cuidar de definir reglas claras y acelerar procesos, así como de generar entornos favorables a la inversión, proveer servicios básicos y garantizar al país que las inversiones hechas son las adecuadas. No más monumentos que no benefician en nada a la población. Comencemos por el agua y el desagüe, por crear infraestructura básica, para que la gente perciba los beneficios. Al ser el Estado el encargado de la redistribución de la riqueza, no podemos echarle la culpa solo a la empresa si no existen ambientes adecuados, todos tenemos que apoyar en ese sentido. Corresponde asimismo invocar a las comunidades, que tienen que tomar conciencia de los beneficios y aportes que puede ofrecer la inversión privada. Cuando las comunidades no conocen ni entienden lo difícil que es gestionar una compañía o convocar a los inversionistas, todo se complica. Por ello, hay que propiciar un clima de armonía y entendimiento, promover el diálogo y los consensos. Necesitamos desarrollar capacidades que faciliten el trabajo conjunto. La empresa tiene la obligación de capacitar, las comunidades tienen también la obligación y el derecho de prepararse: en esa tarea estamos juntos. Autoridades, empresas y sociedad requieren mantener permanentemente un diálogo constructivo, y respetar la ley y el Estado de derecho. Eso es lo que se hace en Australia, el país más competitivo del mundo en minería. El Perú tiene que emular a aquellas naciones que son exitosas en cuanto a desarrollar su minería porque merece estar en ese nivel, desde el que se generará bienestar para todos los peruanos.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2